Los disturbios comenzaron el martes, después de que se viralizara en redes sociales un video del atroz ataque ocurrido la noche anterior contra un hombre con un cuchillo en plena calle de Belfast, Irlanda del Norte. En la grabación puede verse a un agresor arrodillado sobre otro, al que inmoviliza y ataca en la cabeza y el cuello. Momentos después, varios transeúntes intentan separarlo de su víctima y se enfrentan a palazos hasta que llega la policía.
La difusión de estas imágenes provocó que grupos de manifestantes, la mayoría de ellos encapuchados y con el rostro cubierto, aprovecharan la situación para vandalizar y generar caos. Los grupos violentos incendiaron vehículos, atacaron viviendas, bloquearon carreteras y lanzaron objetos contra las fuerzas del orden. Incluso, varias casas fueron quemadas tras ser identificadas erróneamente como residencias de inmigrantes.
El primer ministro británico, Keir Starmer, calificó el apuñalamiento de «repugnante», pero subrayó que la violencia contra personas por su origen «no será tolerada». «Expulsar a la gente de sus hogares no es la respuesta adecuada», afirmó durante una intervención parlamentaria.
Además, el incidente desencadenó una serie de protestas en otras ciudades de Irlanda del Norte, entre ellas Londonderry, Antrim, Newtownabbey, Ballymena y Bangor. También se produjeron concentraciones en las ciudades escocesas de Glasgow, Edimburgo y Ayr, así como en Southampton, Inglaterra. Por su parte, la primera ministra norirlandesa, Michelle O'Neill, describió los hechos como «una cobardía repugnante», mientras que la viceprimera ministra, Emma Little-Pengelly, consideró «totalmente inaceptable» responsabilizar a comunidades enteras por los actos de una sola persona.
Redes sociales bajo escrutinio
Los disturbios también reavivaron el debate sobre el papel de las plataformas digitales en la difusión de mensajes de odio y la organización de protestas violentas. El regulador británico de comunicaciones, Ofcom (Oficina de Comunicaciones), advirtió a las empresas tecnológicas que tomará medidas firmes para combatir contenidos relacionados con el odio y la violencia.
Según el organismo, algunos de los disturbios registrados en Belfast parecen haber sido alentados mediante publicaciones difundidas en internet. Ofcom recordó que en situaciones de crisis suele repetirse el mismo patrón: la propagación de contenido ilegal en línea que posteriormente deriva en delitos de odio y violencia en las calles.
El llamado a la calma y el proceso judicial
La familia de la víctima, identificada como Stephen Ogilvie —un hombre de unos 40 años que sufrió heridas graves en el cuello y la espalda, y perdió el ojo izquierdo—, remarcó este miércoles 10 de junio su deseo de que el ataque no sea utilizado para fomentar la división social.
«Queremos dejar absolutamente claro que los disturbios nocturnos no son bienvenidos y que la protesta pacífica es la única vía. Tenemos muchos inmigrantes que hacen una contribución sumamente valiosa a nuestro país, incluso en nuestro sistema de salud y en el sector de la hostelería. No queremos que esta terrible tragedia se utilice para dividir a la gente ni para avivar la hostilidad», expresó la familia a través de un comunicado.
Por su parte, el sospechoso compareció mediante videoconferencia ante un tribunal de Belfast este miércoles. Se trata de Hadi Alodid, un refugiado sudanés de 30 años a quien se le dictó prisión preventiva por cuatro semanas bajo los cargos de intento de asesinato, amenazas de muerte a otra persona y posesión de arma blanca.
La Policía norirlandesa (PSNI) sostiene que el acusado viajó desde Sudán a París y luego a Dublín, para después tomar un autobús hacia Belfast en febrero de 2023, donde solicitó asilo inmediatamente y obtuvo el permiso de permanencia en septiembre de ese mismo año. Las autoridades confirmaron que el caso no está siendo investigado como un acto terrorista e insistieron en que la responsabilidad penal corresponde exclusivamente al imputado.
De otra parte, los disturbios se producen en un momento de creciente polarización. Aunque históricamente Irlanda del Norte registró bajos niveles de inmigración debido al conflicto conocido como “Los Problemas”, la llegada de población extranjera ha aumentado durante los últimos años. Según datos del censo de 2021, más del 96% de la población se identificaba como blanca; paralelamente, las estadísticas policiales registraron en 2025 un número récord de incidentes racistas denunciados en la región.
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