En la ya larga guerra entre David y
Goliat, que ya se ha extendido por cuatro años desde el pasado 22 de febrero de
2022, este miércoles tuvo un nuevo episodio que tiene como actores principales
a los célebres drones.
En esta ocasión, Ucrania lanzó un ataque
de enjambre de drones sobre el puerto de San Petersburgo, Rusia, impactando
instalaciones petroleras, un buque de guerra ruso en el Mar Báltico y amargó la
fiesta del presidente ruso, Vladímir Putin, debido a que en este puerto
petrolero se llevaba a cabo una importante cumbre que busca generar inversiones
de países extranjeros en Rusia: el Foro Económico Internacional de San
Petersburgo 2026, el principal encuentro empresarial de Rusia, encabezado por
el presidente Vladímir Putin y programado hasta el 6 de junio.
De otra parte, los drones volaron cerca
de 1.000 kilómetros hasta alcanzar su objetivo. Según el servicio de prensa del
Gobierno de San Petersburgo, en la madrugada de hoy «varias infraestructuras
críticas de los distritos de Kronstadt, Kírov y Krasnoselski fueron atacadas
por drones de los nazis ucranianos».
Mientras tanto, el presidente Volodímir
Zelenski informó que drones de largo alcance alcanzaron una terminal petrolera
en San Petersburgo, la segunda ciudad más grande de Rusia y tierra natal de
Vladímir Putin, demostrando una vez más que Ucrania sigue viva y sin ánimos de
retroceder ante la invasión rusa. El mandatario ucraniano también declaró en
Telegram que los objetivos en la base de Kronstadt eran puramente militares, y
que otro objetivo era una empresa en la región rusa de Tambov dedicada a la
producción de armas, a unos 600 km del frente.
Rusia denuncia muerte de
ocho civiles producto de ataque ucraniano
El líder prorruso de la región de
Donetsk, Denís Pushilin, denunció que un ataque ucraniano contra un autobús de
pasajeros provocó la muerte de ocho civiles y heridas a otros 11 en Yenákievo.
«Los ucranianos perpetraron esta
madrugada otro acto de agresión inhumana y sin precedentes», había publicado
anteriormente Pushilin en su cuenta de Telegram, cuando la cifra de muertos que
reportaba era de ocho.
Ucrania ha atacado en los últimos días
rutas logísticas de la retaguardia rusa que conectan la península anexionada de
Crimea con Rusia continental, un territorio que comprende parte de Donetsk.
Rusia también ha responsabilizado a
Ucrania por el bombardeo con drones a una residencia de estudiantes en la
vecina Lugansk el 22 de mayo, que provocó 21 víctimas mortales y 60 heridos,
mientras Kiev niega el ataque y aclara que su objetivo fue una unidad élite de
drones rusos.
A su vez, la agencia estatal rusa TASS
indicó además que el ataque provocó interrupciones en las operaciones del
aeropuerto Púlkovo de San Petersburgo. Según el reporte, 29 vuelos acumularon
demoras superiores a dos horas, mientras que otros nueve fueron desviados a
aeródromos alternativos.
Ucrania necesita más
ayuda de defensa antiaérea
Los ataques ucranianos de largo alcance
buscan reducir la producción petrolera de Rusia, que es una fuente clave de
financiación para Moscú, y perturbar la producción de armas. Ucrania ha
golpeado repetidamente instalaciones petroleras en el puerto de San Petersburgo
y en puertos cercanos.
Ucrania tiene escasez de misiles de
defensa antiaérea Patriot de fabricación estadounidense, en parte porque las existencias
de Estados Unidos se han reducido por la guerra con Irán, lo que la deja
vulnerable a los misiles balísticos de Rusia.
Mientras tanto, los diálogos en la
búsqueda de un cese al fuego continúan. En ellos intervienen Estados Unidos y
la Unión Europea con ayudas económicas, sociales y militares.
Finalmente, la acción de este miércoles
ocurrió un día después de que Rusia lanzara una ofensiva masiva con misiles y
drones contra Kiev, Dnipro y otras ciudades ucranianas. Según las autoridades
de Ucrania, el ataque dejó al menos 23 muertos, entre ellos dos niños, y más de
100 heridos.
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