Este domingo, en La Habana, Cuba, falleció uno de los últimos
dinosaurios de la Revolución Cubana: Ramiro Valdés, de 94 años, quien acompañó
al expresidente Fidel Castro en la Sierra Maestra. Fue uno de los últimos
integrantes de la generación que tomó el poder en 1959 y ocupó cargos clave
dentro de la estructura de seguridad del régimen.
La noticia fue confirmada por el propio presidente cubano,
Miguel Díaz-Canel, quien se refirió al fallecimiento en la red social X: «Cada
acto de la vida del comandante Ramiro estuvo signado por su fidelidad absoluta
al liderazgo de Fidel y de Raúl, a sus compañeros de lucha y al programa del
Moncada, cuya esencia justiciera defendió». En un segundo mensaje, el
mandatario agregó: «La partida física del comandante de la Revolución, Ramiro
Valdés Menéndez, me duele profundamente, como la de un padre».
Sin embargo, en la otra cara de la moneda, los disidentes en
Miami, Estados Unidos, lo ven como un opresor y el arquitecto del aparato
represor cubano mediante la creación de los sistemas de inteligencia y control
policial. Para amplios sectores de la oposición, tanto dentro como fuera de la
isla, Valdés representó durante décadas la cara más dura del castrismo. Su
nombre quedó vinculado al fortalecimiento de los organismos de seguridad y a
los mecanismos de vigilancia, control y persecución política desplegados por el
Estado contra disidentes, activistas y opositores.
Aunque sus partidarios lo
presentaban como un defensor incondicional de la revolución, sus críticos lo
señalaron como uno de los responsables de consolidar el sistema represivo que
permitió al régimen mantenerse en el poder durante más de seis décadas.
El creador del servicio de inteligencia G2
Ramiro Valdés nació el 28 de abril de 1932 en Artemisa, Cuba, y
combatió junto a Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara contra el gobierno de
Fulgencio Batista. Tras el triunfo de 1959, ocupó el Ministerio del Interior,
fundó el Departamento de Seguridad del Estado y la Dirección General de
Inteligencia, y mantuvo estrechos vínculos con el KGB, los temidos servicios
secretos de la extinta Unión Soviética. A diferencia de otros líderes cubanos
que desempeñaron cargos administrativos y políticos, Valdés fue el encargado
directo de las agencias de seguridad y espionaje. Su trayectoria estuvo ligada
durante años a las instituciones encargadas de enfrentar amenazas internas y
externas, lo que le otorgó una posición singular dentro del entramado de poder
cubano.
A Valdés se le considera el padre del G2, los temidos servicios
de inteligencia de la isla. El término "G2" proviene del argot
militar cubano; en los ejércitos de inspiración soviética y en la propia
Revolución Cubana, los estados mayores se dividían en secciones numeradas: G-1
(Personal y recursos humanos), G-2 (Inteligencia y contrainteligencia) y G-3
(Operaciones y entrenamiento, entre otras). Además del Ministerio del Interior,
el cual encabezó en dos ocasiones (1961-1968 y 1979-1985), fue también
vicepresidente de los Consejos de Estado y de ministros, ministro de
Informática y Comunicaciones, y miembro fundador del Comité Central y del Buró
Político del Partido Comunista de Cuba.
En los últimos años, sus
apariciones se habían hecho cada vez menos frecuentes, lo cual generó
especulaciones sobre su estado de salud debido a que, en enero y febrero de
2026, circularon reportes no oficiales sobre su hospitalización.
Ramiro Valdés y el régimen venezolano
Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en
Venezuela, Valdés fue señalado como una de las figuras clave de la cooperación
entre La Habana y Caracas en materia de inteligencia y control político. Tanto
así, que diversos análisis afirman que fue el hombre detrás de la reestructuración
de los servicios de represión y de contrainteligencia en el país caribeño.
Analistas, organizaciones de derechos humanos y referentes opositores lo
acusaron de exportar a Venezuela los mecanismos de vigilancia, control social y
seguimiento de la disidencia desarrollados por la inteligencia cubana.
Se tienen registros que documentan viajes cruciales de Ramiro
Valdés a Caracas: primero en 2002, luego del fallido golpe de Estado contra
Hugo Chávez, y posteriormente en 2010, para asesorar a su socio en el Palacio
de Miraflores debido a una crisis energética que se ha extendido hasta nuestros
días; un complejo escenario en el que tanto Cuba como Venezuela sufren
prolongados apagones debido a la falta de mantenimiento de sus infraestructuras
energéticas. Actualmente, la isla atraviesa una marcada crisis alimentaria,
escasez de medicamentos, falta de combustible y un descontento social que es
fuertemente reprimido.
Con el fallecimiento de Valdés, la generación de líderes
históricos originarios de la Revolución cubana se reduce prácticamente a dos
figuras: Raúl Castro, de 95 años, y Guillermo García Frías. La muerte de Valdés
se produce además días después de que el gobierno cubano anunciara una serie de
reformas con las cuales intenta sortear la grave crisis económica y energética
actual, agudizada por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos.
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