El portaaviones USS Abraham Lincoln, una ciudad flotante en crisis por escasez y problemas de salud mental

Portaaviones USS Abraham Lincoln Mass Communication Specialist Seaman Joey Sitter

Las alarmas en el Pentágono están encendidas. El Departamento de Defensa de los Estados Unidos evalúa el relevo urgente del portaaviones USS Abraham Lincoln tras revelarse denuncias esta semana sobre escasez de víveres, fallas en los servicios básicos y un preocupante desgaste psicológico entre las tropas desplegadas en el Medio Oriente.

Imagine vivir en una ciudad de acero de 5.000 habitantes donde el agua potable empieza a fallar, las raciones de comida fresca son limitadas y el estrés del aislamiento no da tregua; esa es la realidad actual a bordo de esta embarcación, cuya tripulación suma más de ocho meses continuos en alta mar y más de 200 días sin tocar puerto.

Ante las contundentes informaciones que señalan problemas logísticos y un clima de tensión interna, las autoridades estadounidenses han salido al paso para matizar la gravedad de la situación. El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, sostuvo que «las informaciones que denuncian una crisis generalizada a bordo han sido totalmente desproporcionadas», asegurando que la institución garantiza el suministro en la medida de lo posible y que la embarcación «ha mantenido la línea de defensa de manera extraordinaria en condiciones complejas»

Sin embargo, el funcionario reconoció la urgencia de concretar el reemplazo del buque al afirmar: «Entendemos la exigencia de estas misiones y queremos que los marineros del Lincoln regresen a casa en cuanto se complete la rotación».

En contraste con la versión oficial, la preocupación se extiende en el plano legislativo y en el máximo nivel político por el impacto humano de este despliegue. Richard Blumenthal, senador demócrata y miembro del Comité de Servicios Armados, advirtió sobre el costo de sostener esta operación tras señalar que «sostener más de 200 días consecutivos en el mar es un récord moderno que impone un costo humano inaceptable y el Departamento de Defensa les debe un entorno seguro».

 A esta postura se sumó el presidente Donald Trump, quien confirmó las gestiones para el relevo de la tripulación al declarar que «el portaaviones será reemplazado muy pronto por el USS George Washington para permitir el descanso de la tripulación», concluyendo que las familias comprenden la urgencia táctica de la misión pero que la presencia de los apoyos logísticos en la zona ya está en marcha.

 Lo cierto es que el USS Abraham Lincoln cumple ya nueve meses sin llegar a puerto. Una misión que empezó en noviembre de 2025 y que se alargó por la guerra contra Irán a finales de febrero.

Este enorme portaaviones reúne a hombres y mujeres de distintos grados de la Armada estadounidense que no han tocado tierra en meses. Sin comida, sin agua,  sumando el estrés de la guerra y el constante sobrevuelo de aeronaves, drones; y el uso de las mismas en su propio portaaviones. Hora tras hora, viven los marinos y pilotos de avión en un espacio limitado, prácticamente sin privacidad y sin descanso.

La permanencia del Lincoln en Medio Oriente depende de una estructura que se extiende mucho más allá del portaaviones. La Marina necesita mantener abiertas rutas de abastecimiento y coordinar bases y buques de apoyo para hacer llegar combustible, agua, alimentos, municiones, repuestos y equipamiento médico a las fuerzas desplegadas en la región, una tarea que se vuelve más compleja cuanto más se prolonga la misión.

La distancia respecto del teatro de operaciones obliga a sostener una cadena logística de gran extensión, mientras la guerra con Irán y la crisis de Ormuz agregan nuevos riesgos y exigencias a cada movimiento de abastecimiento.

 Mientras desde la Oficina Oval, Donald Trump afirma que la guerra se está ganando y que Estados Unidos controla el Canal de Ormuz. Algo que sirve para los medios de comunicación, pero no en la interna de las Fuerzas Militares, ya que el mensaje y el liderazgo no llegan hasta el frente de combate.


Las denuncias

En esta línea la cadena CBS News, informó que a principios de este mes un marino cayó por la borda y fue rescatado por un helicóptero, atendido por el departamento médico y trasladado fuera del barco para recibir atención médica adicional. Las circunstancias del incidente están siendo investigadas.

 Los periódicos Military Times y Stars and Stripes también informaron a principios de esta semana que varios militares habían considerado suicidarse saltando por la borda, según sus familiares.

 Expertos aseguran que permanecer en el mar durante largos periodos, sumado a las condiciones a bordo, estaban afectando la salud mental de algunos marinos. Según los reportes, esas condiciones también incluyen no poder lavar la ropa durante más de una semana y no poder comer alimentos frescos debido a las visitas poco frecuentes a los puertos, cuando a las tropas no siempre se les permite abandonar el barco.

Desde la medicina, un estudio realizado con 956 marineros y publicado en enero de 2025 reveló que las tropas a bordo de los buques de la Armada estadounidense sufren los índices más altos de "angustia psicológica grave" en comparación con otras ramas de las fuerzas armadas estadounidenses.

 El estudio citó «factores estresantes únicos, como la mala habitabilidad, el ruido y los horarios exigentes que dejan poco tiempo para dormir y descansar».

 Mientras tanto, el suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en la Armada y la Infantería de Marina de Estados Unidos, según un análisis de datos militares realizado por USNI News. Los veteranos tienen tasas de suicidio más altas que las de los estadounidenses que no han servido en el ejército, según la Administración de Veteranos.

 

El relevo llegará desde Japón

El Abraham Lincoln finalmente será relevado por el USS George Washington, que se desplaza desde Japón hacia Medio Oriente. La llegada del nuevo portaaviones permitirá que el Lincoln abandone el teatro de operaciones después de más de 7 meses, pero el movimiento también revela el costo que tiene para Estados Unidos sostener la presión militar en la región: recursos navales destinados al Pacífico deben ser desplazados para cubrir una necesidad surgida en Medio Oriente.

 El relevo permitirá que una tripulación abandone finalmente la zona de operaciones, pero no resolverá la tensión que originó el despliegue extraordinario. La misión simplemente pasará a otro buque, mientras la Marina deberá recuperar posteriormente el tiempo de mantenimiento y descanso desplazado por las necesidades de la guerra.

 El próximo grupo que llegue a la zona debe estar mentalizado que no volverán a sus casas en un largo periodo de tiempo. Sumado a que las condiciones de logística quizás no mejoren y las exigencias aumenten.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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